Hace casi un año un amigo de la infancia me decía luego de regresar de una reunión donde le hablaron de Dios: “Cholito, esto no es para mí”.
Conforme transcurrieron las semanas, él comenzó a asistir tímidamente y a preguntar, preguntar y preguntar. Hoy su mamá y sus hermanas han asistido a las reuniones y ya está acostumbrado que ahora también sus amigos le digan: “Cholito, esto no es para mí”.
¿Es que acaso alguien puede resistir el inmenso amor de Dios?, ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Qué opinas?








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